Alberto Giacometti en Fundación Proa
Alberto Giacometti en Fundación Proa
Alberto Giacometti y Sudamérica: una ocasión perdida Por Cecilia Braschi […] Son pocas las ocasiones en las que las obras de Giocometti se han expuesto en el Cono Sur; ninguna exposición monográfica, si se exceptúa una pequeña retrospectiva en el ámbito de la Bienal de San Pablo, en 1998 . También es escasa la bibliografía sudamericana sobre el artista, casi exclusivamente circunscrita a artículos de periódicos, reseñas de exposición en el extranjero o algunas publicaciones de los últimos diez años. No obstante, cuando aún vivía, Giacometti era un artista conocido tanto en Brasil como en Argentina y le reconocían un sitio importante en el panorama del siglo XX los críticos de arte de ambos países, como Jorge Romero Brest, Mario Pedrosa, Rafael Squirru y Aracy A. Amaral . […] Son pocas las ocasiones en las que las obras de Giocometti se han expuesto en el “cono sur”[1]; ninguna exposición monográfica, si se exceptúa una pequeña retrospectiva en el ámbito de la Bienal de San Pablo, sólo en 1998[2]. También es escasa la bibliografía sudamericana sobre el artista, casi exclusivamente circunscrita a artículos de periódicos, reseñas de exposición en el extranjero o a algunas publicaciones de los últimos diez años. No obstante, cuando aún vivía, Giacometti era un artista conocido tanto en Brasil como en Argentina y le reconocían un sitial importante en el panorama del siglo XX los críticos de arte de ambos países, como Jorge Romero Brest, Mario Pedrosa, Rafael Squirru y Aracy A. Amaral[3]. Alberto Giacometti no estuvo nunca en América del Sur, ya que su único viaje al continente americano lo llevó a Nueva York en ocasión de la retrospectiva del MoMa, recién en 1965, poco antes de morir en el mes de enero siguiente. […] De todos modos, los artistas activos en París en los años 30 no necesitaban viajar para tomar contacto con artistas, mecenas y coleccionistas latinoamericanos. Un gran cantidad de mexicanos, chilenos, colombianos y argentinos (la mayoría de ellos miembros de las familias más ricas) transcurrían con frecuencia períodos más o menos prolongados en París, que entonces estaba considerada como la capital indiscutida del gusto y la modernidad[4]. […] Dado que los argentinos constituían, sin duda, el mayor porcentaje de esta colonia de acaudalados filántropos[5], no es casual que una de las primeras coleccionistas de Giacometti haya sido una argentina: la joven “mademoiselle de Alvear” que, como Giacometti se complace en comunicar a sus padres[6], es también la sobrina del General Carlos María, de quien Antoine Bourdelle (maestro de Giacometti en la academia de la Grande Chaumière en los años 20) esculpió el célebre monumento que hoy domina el barrio de la Recoleta en Buenos Aires. Hija de Diego de Alvear y Cotita Cambaceres, Elvira de Alvear (1907-1959) provenía de una de las más ricas y prestigiosas familias de la nobleza porteña, si bien las informaciones sobre ella son relativamente pocas. Poetisa y escritora, estaba ligada al nombre de Jorge Luis Borges. […] El boceto de la escultura y el apunte manuscrito del artista en un cuaderno de mediados de los años 30[7], confirman que la obra comprada por Elvira de Alvear es un ejemplar en yeso de Cabeza que mira, de 1929. […] Obra emblemática de los primeros años parisinos del artista, la Cabeza que mira es la que lo introduce en la escena artística y en la red de comitentes destacados. Como ha notado Véronique Wiesinger, la Cabeza que mira, vista por Cocteau, Masson y Bérard en la exposición de Campigli[8], fotografiada por Marc Vaux, reproducida en el artículo mencionado que Michel Leiris dedica al artista en Documents, es la primera obra que despierta un interés generalizado en el ambiente artístico parisino, tanto es así que le procura al artista el primer verdadero contacto con una galería. El ingreso de Giacometti a la Galería Pierre, la galería de los surrealistas, jalona además el inicio de su adhesión al movimiento (1931-1935) y de una relación decenal con muchos artistas y escritores que forman parte de ella. Es difícil decir con seguridad cuándo Elvira de Alvear abandonó París y establecer el destino de la escultura de Giacometti, de la que, empero, no hay huellas en Argentina en los años siguientes. […] Entre los encuentros importantes de Giacometti en este feliz periodo parisino se destaca el que tuvo con Jean-Michel Frank, el decorador que con los sobrios arreglos de los interiores de Pierre Drieu La Rochelle, Charles Peignot, Alice Cerf y Nancy Cunard[9]había conquistado en los años 20 el gusto moderno parisino […]. La colaboración de Giacometti con Jean-Michel Frank, que comenzó también en 1930 (según la datación de los primeros apliques proporcionada por Giacometti en su cuadernos[10]) y se concluyó en 1941 con la muerte de Frank, representa para Giacometti una nueva y más fértil relación con el coleccionismo sudamericano. […] Jean-Michel Frank (de origen judío) logra huir justo a tiempo de la ocupación nazi y de las leyes raciales promulgadas en Francia en octubre del año siguiente. En junio de 1940, parte para Sudamérica y llega a Buenos Aires después de una breve etapa en Brasil[11]. Un mes después de haberse instalado en la capital argentina, Frank invita a Giacometti a seguirlo no bien le sea posible[12], imaginando probablemente interesantes desarrollos de su obra del otro lado del océano, sobre todo en el momento en que Europa se prepara, en cambio, a afrontar la guerra. Sin embargo, Giacometti no aceptará la invitación y así otro potencial capítulo de esta historia quedará inconcluso. […] muchos de los muebles, lámparas u objetos de arte decorativo realizados por el artista pasan a formar parte de prestigiosas colecciones argentinas. Esto se ve en algunas fotos publicadas en La Nación en marzo de 1941[13], en las que se reconocen una lámpara Figura en la sala de Francisco Murature […] y una lámpara Marianne en la de Alejandro Santamarina y María Felisa Naón […]. Giacometti, en cambio, se encuentra personalmente en París con Jorge y Matilde Born, cuya residencia de San Isidro, en los alrededores de Buenos Aires, representa indudablemente la apuesta más importante de Jean-Michel Frank en Argentina. Miembros de otra encumbrada familia porteña que había construido una fortuna en negocios agroalimentarios[14], los Born, que también habían residido por algunos periodos en Francia en los años 30, deciden decorar su nueva residencia según el estilo parisino más en boga. Estando en París en 1935, siguen el consejo de Ignacio Pirovano, amigo de Jorge Born, y visitan la boutique de Jean-Michel Frank con quien comienzan a dialogar sobre el proyecto[15]. Los muebles y objetos de decoración de la nueva residencia ya están proyectados para la primavera de 1939 […]. Matilde Born recuerda sus encuentros con Giacometti de antes de la guerra, en la época en la que “un grupo de artistas discutían sobre la decoración de nuestra casa, que se iba a construir en Buenos Aires”[16]. Giacometti, Frank, Christian Bérard, Emilio Terry, quizá también Dalí, se habrían encontrado “durante 5 meses […] casi todos los días”[17], para realizar el proyecto. […] En 1965, el matrimonio Born visita por última vez a Giacometti en su estudio parisino. “Cuando estábamos partiendo – recuerda Matilde Born – “él nos prometió que haría algún otro objeto y nos enviaría las fotos, y si gustaba nos lo mandaba”[18]. La muerte de Giacometti, algunos meses después, impedirá que el artista cumpla la promesa. La partida apresurada de Elvira de Alvear, la trágica muerte Frank en Nueva York y por último la desaparición de Giacometti: una serie de acontecimientos imprevisibles han impedido la posibilidad de una presencia más consistente y duradera de la obra de Giacometti en Argentina, que el gusto local parecía muy bien dispuesto a acoger.
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