El Mural
El Mural
La única obra erótica en la historia del muralismo mexicano, realizada por uno de sus máximos exponentes, David Alfaro Siqueiros, en el sótano de una quinta en Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, estuvo "oculta" a los ojos del público durante casi dos décadas y, de a poco, parece que comienza a ver la luz. ¿Cómo se pintó la obra?El bar de la casa, ubicado en el subsuelo, era un ambiente de 5,5o m de ancho por 6,50 de largo, con un techo abovedado en forma cilíndrica con 3 m de altura en la clave.La técnica utilizada en la ejecución de la obra fue determinante en lo que se refiere a la ingeniería de rescate.La pintura, a base de silicatos que se deshidrataba antes de fraguar el revoque, obligó a los artistas a trabajar a gran velocidad, ya que debieron imprimr las figuras antes de que se completara el fraguado.El espacio fue dividido en sectores irregulares denominados "tareas" sobre los cuales se colocaba el estuco, se proyectaban diapositivas obtenidas del modelo (la esposa de Siquerios, Blanca Luz Brum) y sobre esos bocetos o cintas se pintaba con aerógrafo. El rescate El hecho de que los primeros milímitros estuvieran embebidos en pintura, exigió que se recurriera a una técnica de extracción denominada estacco que consiste en retirar la superficie pintada, adhiriéndole previamente, desde afuera, una estructura resistente mediante resinas epoxi. Este método, usado en la recuperación y el traslado de los murales pintados sobe superficies planas, en el caso de Ejercicio Plástico, planteó delicados problemas de ingeniería estructural pues, en parte, el mural estaba estampado en una extensión abovedada. La delgada cáscara en que quedaría convertida la pared original - de 6 milímitros de espesor - no podía sufrir desplazamientos que implicaran riesgos de fisuras. En una etapa posterior al retiro de la mampostería y de la perfecta limpieza de la superficie, tarea realizada por sectores, se aplicaría un bastidor al revoque que restableciera la rigidez y resistencia que le confería al conjunto incialmente la bóveda, aplicándole a la pintura, desde el exterior, una estructura metálica reticulada tridimensional. Los cortesLa necesidad de posibilitar el transporte de la obra en contenedores standard cerrados, obligó a que las dimensiones de cada uno de los partes estuviera limitada a la capacidad de embalaje dentro de un contenedor. Los cortes no debían perjudicar partes vitales de la pintura como rostros, manos y ojos. ¿El resultado? El mural quedó escindido en seis partes. A pesar del éxito obtenido tras la labor de rescate - que les valió a los ingenieros que lo llevaron a cabo el premio "Ingeniero José Luis Delpini 1993", otorgado por las Asociación de Ingenieros Estrucurales, los artífices del desmonte consideran que la tarea quedó inconclusa. La intención era que la obra fuera emplazada en otro sitio para que pudiera ser vista. Silencio, olvido, descuido. Luego de engorrosos trámites judiciales, en 2001, la Secretaría de Cultura de la Nación ordenó que se abrieran los contenedores. Un grupo de expertos en arte pudo realizar el primer peritaje técnico desde que la obra fuera desmontada. Para su construcción se necesitó del genio de un artista y sus circunstancias. Lo que sucedió luego requirió la intervención de restauradores, ingenieros, jueces y políticos. Para salvar el mural, se necesitó de una ley. Se lo declaró patrimonio cultural de la provincia de Buenos Aires. Luego habría que conseguir que la legislación nacional siguiera en la misma línea. En 2002, cuando parecía que la ley de protección al mural iba a ser promulgada, el ex presidente Duhalde, la vetó. Hubo que esperar. Su sucesor, Néstor Kirchner lo declaró "bien de interés histórico artístico nacional" en 2003. De este modo, el mural no podía salir del país. Ese mismo año, Kirchner formó la Comisión de Recuperación del Mural de Siqueiros —encabezada por la entonces embajadora de México en Argentina, Magdalena Faillace—, quien fue autorizada a abrir uno de los contenedores. En una entrevista que le hiciera el diario Milenium, el artista Manuel Serrano, que había venido a la Argentina a principios de los 90 a restaurar el mural, recuerda la impresión que había tenido en 2003 cuando se pudo inspeccionar el estado de las piezas: “Mi ánimo cambió en el momento en que se abrió uno de los contenedores y salió una de las seis secciones en las que se desmembró el Ejercicio Plástico. Vimos que estaba muy bien, y también la segunda —explica el maestro—. Comprobamos que, lejos de empeorar, la destrucción y la pérdida de pigmentos se había detenido cuando se extrajo el mural del sótano y se le colocó en los contenedores”.Más tarde, comenzarían las tareas de restauración a cargo de un equipo de profesionales argentinos y mexicanos. Claro, que esto lo decía Serrano en 2003. En 2008 tuvo que regresar a la Argentina para reemprender la tarea de restauración, casi veinte años después. Mientras tanto, una cineasta argentina quiso ver y hacer ver. En 2006, Lorena Muñoz filmó "Los próximos pasados", "Muerte de un mural de Siqueiros", que cuenta la historia de la realización y destrucción de esta obra del mexicano, a través de su reconstrucción. "Una fábula sobre lo que ya no es". Hoy el mural se puede visitar en el Museo del Bicentenario en las galerías históricas que pertenecieron a la antigua Aduana de Buenos Aires y que datan de 1855, y en los restos del fuerte de Buenos Aires que se empezó a edificar en 1580.
Subir - Galería de Arte, Venta de Obras de Arte