Experiencia Infinita en el MALBA
Experiencia Infinita en el MALBA

Se exhiben obras de ocho destacados artistas nacionales e internacionales: Allora & Calzadilla [Jennifer Allora (Filadelfia, 1974) y Guillermo Calzadilla (La Habana, 1971)], Diego Bianchi (Buenos Aires, 1969), Elmgreen & Dragset [Michael Elmgreen (Copenhague, 1961) e Ingar Dragset (Trondheim, Noruega, 1968)], Dora García (Valladolid, 1965), Pierre Huyghe (París, 1962), Roman Ondák (Zilina, Eslovaquia, 1966), Tino Sehgal (Londres, 1976, vive en Berlín) y Judi Werthein (Buenos Aires, 1967, vive en Miami). La mayor parte de ellos exhiben por primera vez sus trabajos en Argentina.

La idea de la exposición surge de una pregunta: ¿Puede existir un museo viviente, donde las piezas actúen, hablen, se muevan y vivan eternamente? Para Agustín Pérez Rubio, Director Artístico de MALBA y curador de la exhibición:“Las piezas de Experiencia Infinita tienen especialmente en cuenta la idea de lo vivo como obra y como parte de un tipo de obras que no solo se distribuyen en el tiempo, sino también en el espacio: la experiencia es como un viaje; las diferentes situaciones se suceden unas a otras”, explica.

Experiencia Infinita no tiene un carácter historiográfico, ni pretende buscar los antecedentes del arte en vivo, que se nutre del teatro, de la acción, del baile, de la performance, de las escenografías y de la literatura, producción que en los años 60 encontró su caldo de cultivo, pero que incluso hoy es muy complicada de asignar. “Quizá Tino Sehgal, con sus ´situaciones construidas´, o Dora García y sus ´insertos en tiempo real´ estén proponiendo otras categorías dentro de estos nuevos modos de producción y recepción de obras, que van más allá de la performance”, afirma Pérez Rubio, quien destaca en su ensayo curatorial la necesidad de investigar y poner en valor este tipo de arte. Tiempo expositivo / Tiempo de trabajo

La reflexión sobre la relación tiempo / trabajo está implícita en toda la muestra. Las obras seleccionadas reflejan sus modos históricos de visualización en un loop, en un reloj, en una narración interminable, en percepciones parapsicológicas, en una letanía de cantos y posturas con contenido político, o en la propia historia del arte que nos han contado y nunca hemos visto.

El proceso cobra igual o mayor importancia que el resultado de la obra, que en el caso de estas piezas consiste en la materialización de una acción, cuya duración coincide con la del tiempo de la exposición. “El tiempo y sus procesos realizan la obra, son la obra, junto a las reacciones del público, sus preguntas y sus acciones”, destaca Pérez Rubio.

La idea de proceso también está relacionada críticamente con el entorno institucional, social, político e incluso comercial. Frente a este tipo de exhibiciones, el museo se ve obligado a plantearse nuevos modos de actuación, nuevos modos de producción artística que están alterando las maneras de percepción, exhibición, circulación e incluso colección en las últimas décadas.

Como parte de la estrategia de comunicación, se eligió una tipografía especial para todos los textos y piezas gráficas: la Alphabet Soup Version 0.0.9 International Anti-Copyright 2001–2002, creada por Matt Chisholm, que resulta de la unión de miles de combinaciones de fragmentos de varios tipos de alfabetos (árabe, numérico, cirílico, romano, griego, etc.) y permite la creación de más de dos millones de signos. Una auténtica experiencia infinita, que contiene en sí “todas las letras diseñadas del mundo”.

La exposición nos plantea el reto de pensar cómo nos relacionamos como espectadores y como productores desde la institución arte en el siglo XXI. En este sentido, Experiencia Infinita es una plataforma de exploración, un territorio fértil para nuevas preguntas, posiblemente infinitas.

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