Patria Petrona en Fundación Proa
Patria Petrona en Fundación Proa
Patria Petrona presenta seis escenas compuestas por “tortas” y vestidos de Pablo Ramírez. En cada una de esas situaciones, Alfredo Arias recrea el festejo, la reunión social, el evento o la celebración para las que esas “tortas” fueron diseñadas. Las tres pinturas de Juan Stoppani completan “el escenario”. Junto a las funciones de Tortazo –el espectáculo basado en recetas de Doña Petrona, a cargo de Arias y de Alejandro Radano– la propuesta del director es recorrer el pasado desde el presente, apelando a esa capacidad regenerativa propia de algunas imágenes. Patria Petrona es un homenaje a la memoria, a la capacidad de cada uno de nosotros de reconstituir el paisaje donde crecimos, ese lugar donde las palabras, los gestos, los perfumes, las imágenes quedarán para siempre grabados y harán parte de nuestra persona. Definirán nuestra percepción del mundo adulto. La Patria es la tierra que nos hizo; en ese territorio viven hadas y fantasmas. Petrona es uno de esos personajes de la fantasía Patria. La experiencia que propone Patria Petrona es ir más allá del personaje elegido, de su mundo visual sin igual, puesto que son esas láminas en los libros de cocina de la gran maestra que hacen parte de mis recuerdos infantiles. Sólo imágenes. Nunca probé un plato preparado por Petrona, todo era transmisión televisiva, ondas e interpretaciones de esas recetas; más allá, en lejanos barrios del Gran Buenos Aires. La casa donde miraba los programas de Doña Petrona se situaba en Remedios de Escalada. Ahí, frente al chalet a la americana que mi padre había construido, se produjo un cataclismo: el gobierno decidió expropiar las casas vecinas para hacer pasar un Camino de Cintura, o una General Paz, o una Panamericana que nunca pasó. En ese desierto se fue instalando poco a poco una villa de emergencia, mientras que el baldío se extendía chato y silencioso hasta el club Talleres, un gran potrero para los fantasmas donde cocinaba la doña. Cuando Perón daba sus discursos, la gente de la villa nos pedía ver la televisión; mis padres acercaban el aparato a la ventana y detrás de unas rejas el Coronel arengaba a sus fieles. Era una misa. En ese mismo aparato apareció un día Petrona: para mí fue un refugio; en cambio de ir a Disneylandia iba a Petronalandia, y cada vez que mis padres se peleaban (se peleaban seguido) yo trataba de realizar un plato, de preferencia un postre de Petrona, para evadirme. Esos postres de Petrona que yo preparaba eran siempre un fracaso. Además del disgusto de no lograrlo, este acto contribuía a reforzar las nefastas dudas de mi madre sobre mi tendencia a apreciar todo lo femenino, como leer Para Ti o Radiolandia… Puedo suponer ahora que Petrona hizo parte del cortejo de íconos que me llevaron a pasar cinco años de Liceo Militar, institución en la cual mis padres depositaron todas las esperanzas donde finalmente deberían borrarse esas fascinaciones fantásticas y así aligerado, bien parado y con la cabeza bien despejada, podría enfrentar el futuro que me esperaba. Tortazo no es un trabajo histórico o sociológico, es solo un planeo poético de la memoria. Un Twist again. Alfredo Arias Fundación PROAAv. Pedro de Mendoza 1929La Boca, Caminito[C1169AAD] Buenos AiresArgentina-T [54.11] 4104.1000E info@proa.org-De martes a domingo11 - 19 hrs.Lunes cerrado.
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