Sebastián Gordín en el MAMBA
Sebastián Gordín en el MAMBA
La exhibición, organizada cronológicamente y curada por Rafael Cipplolini, se inicia con pinturas tempranas de gran formato que remiten a la historieta. Esta necesidad narrativa se inició con las lúdicas cajas -exhibidas en vitrinas a lo largo de la sala-, en las que Gordín propone una historia y cuyo desenlace el espectador descubre al abrirlas como si fuesen de libro. Las icónicas maquetas del Ital Park, el cine Odeón y el Luna Park, reconstruyen las huellas de su infancia, lo mismo que las esculturas-objetos lumínicos que representan golosinas jamás olvidadas, como el Biznikkee Nevado, provocando una inevitable sonrisa en algunos espectadores nostálgicos.

Su temprano ingreso al mundillo del arte le produjo cierta extrañeza, y quedó representado por el “Kit Vernisagge” donde el espectador podía sacar o poner un curador, incluso hacer crecer la colección incorporando nuevas obras. Frente a la maqueta del ICI, el artista recuerda como –en ocasión de su primera muestra en la Institución de la calle Florida- él mismo hacía la visita guiada al interior de la representación de la misma.

La escultura blanca de un hombre que se transforma en historieta -o viceversa- flota en la penumbra de la sala rodeado por las características cajas de Gordín. Muchas de ellas, totalmente cerradas en las que sólo hay un agujero para observar dentro de ellas y otras que a modo de mágicas peceras encierran desconcertantes escenografías que nos involucran en situaciones de infinita tristeza mientras pequeñas gotas de lluvia titilan suavemente.

En el subsuelo del museo, dispuestos en vitrinas que preceden la última sala, se exhiben varios libros realizados por Sebastián Gordín en admirable marquetería que nos habla de su minucioso y obsesivo placer por el trabajo manual. Finalmente, una amable penumbra, nos invita a sumergirnos de lleno en el imaginario de este sutil creador.  

El drama y las pesadillas forman parte de su producción que “encantan” al espectador; Gordín nos seduce con sus inquietantes escenarios que recrean ficciones que quedan “detenidas” en el tiempo como el fotograma de una película extraído el segundo previo al desenlace de la escena. Así, una biblioteca queda congelada un segundo antes de desplomarse y, con ella, se congela la sensación de angustia que esto produce. Como espectadores podemos contemplar la angustiante escena desde distintos ángulos y de esta manera contrarrestar su efecto paralizante ya que con la mente volvemos a ubicar cada elemento en su lugar en un acto creador y sanador.

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